mariano sardón

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La dificultad de definir el concepto arte generalmente se resuelve con una operación simple: si está en un museo es arte.
El museo es por lo tanto un espacio simbólico, un receptáculo dotado de la misteriosa cualidad de convertir en objetos artísticos a las cosas alojadas en su interior.
El museo es también un espacio arquitectónico privilegiado, una obra de arte en sí, elevado sobre unas escalinatas marcará como en la antigüedad el límite entre el espacio sagrado y el espacio profano. Es un espacio institucional regido por convenciones que ilustran claramente la lógica de la modernidad, es una caja blanca sin intención o relato, un espacio de exhibición.
La intención del proyecto es subvertir estas concepciones y posibilitar un acercamiento diferente al espacio del museo.

Durante los años 2004 y 2005 desarrollé un proyecto en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) que implicó un largo proceso de exploración tecnológico y estético que finalmente desembocó en un instalación titulada Cultivos Estocásticos.
Se trata de un experimento de formas visuales y sonoras que emergen de la actividad que las personas llevan a cabo en los teclados y mouse del Malba. Como resultado de estas acciones simples y acumulativas, la instalación hace emerger un ritmo inmanente generado por las personas en el museo.

Cultivos Estocásticos es una instalación interactiva en la que se proyectan letras y fragmentos de palabras sobre una superficie de azúcar colocada dentro de probetas de cultivo. La experiencia se desarrolló en el de terreno de búsqueda en que se desdibujan los límites entre la ciencia y el arte.
Durante varios meses desarrollé un sistema que me permitió recolectar información sobre el uso de las computadoras en las oficinas del Malba a través de Internet. Los algoritmos decodifican la información de la actividad de los teclados de las diferentes partes del museo y generan sonidos y textos en el espacio de exhibición. Esta actividad alimenta la instalación como un sistema abierto que intentará ordenarse a partir de una cantidad enorme de letras transmitidas al azar desde los teclados.
Aquí estocástico no implica azaroso sino que se trata de una situación donde la cantidad de elementos es muy grande por lo que el comportamiento de los eventos no puede ser determinado aunque si pueden encontrarse estructruas globales emergentes.

En un espacio oscuro del Malba se proyecta la dinámica de los textos sobre probetas con azúcar apoyadas en pedestales. La organización y desorden de frases como así también los pasajes de patrones de sonidos reconocibles o caóticos, son el resultado emergente de la interacción colectiva de hechos cotidianos de los cuales no tenemos conciencia. Los caracteres ingresados en los teclados de algunas de las computadoras del museo se utilizan como fuentes de letras para lograr que los textos se desarrollen.

Simultáneamente su ritmo y volumen de actividad son traducidos a sonido y se amplifica el resultado sonoro de la actividad de los teclados en tiempo real en la sala de exhibición. El sonido se compone de superposición de capas de grupos de sonidos similares, cada capa corresponde a la actividad en un teclado diferente. Los sonidos son estructuras elemtentales mínimas correspondientes a cada letra que fueron grabados y modificados digitalmente. A su vez, estas estructuras son modificadas por algoritmos en tiempo real. Esta suerte de composición musical consiste en la repetición de estructuras simples que articulan un ritmo.
El volumen de actividad en los teclados traducido en sonidos conforma una experiencia auditiva que emerge como un fenómeno global, a partir de actos particulares, residuales, efímeros.

Desde hace unos años vengo estudiando y experimentando junto a Laurence Bender con algoritmos evolutivos. Por lo que me interesan las formas emergentes que ponen en evidencia una serie de relaciones que por ser locales (actividad en teclados) y dispersas (actividad en diferentes áreas el museo como curaduría, producción, montaje, etc.) , no puedan ser abordadas en su manifestación global. Estas formas me interesan en tanto generadoras de "conocimiento" de un espacio.
La instalación propone una percepción distinta del espacio que habitamos y las acciones que desplegamos en interdependencia con él. De modo que la obra, pensada como un dispositivo experimental, genera un "saber" sobre el propio espacio.
El espacio en el que trabaja el personal del museo difiere del que visita el público. La posibilidad de conjugar estas dos esferas como experiencia estética nos permite reconfigurar nuevas relaciones entre ellas. La trama institucional sostiene la categoría de arte alejada de la praxis vital. Precisamente por eso poner el acento en el trabajo que se lleva a cabo dentro del museo evidencia que se trata de un espacio social. La esfera mundana se torna materia prima para el arte.

Uno de los aspectos mas interesantes ocurrió cuando las personas que trabajan en el Museo bajaban al espacio de la instalación para percibir el ritmo de trabajo de sus compañeros, despertando gran expectativa y sorpresa al escuchar y ver la actividad de las distintas áreas del museo. Inmediatamente construían una experiencia muy diferente de la vida de cada espacio que ellos mismos habitaban a cotidiano. Se sorprendían o reconocían.

Esta obra no sumerge al espectador en ningún tipo de control causal, sino que es el resultado acumulativo y colectivo de interacciones y procesos semejantes a los modos de funcionamiento que solemos atribuir a la naturaleza. La instalación funciona como un sistema orgánico, al que si se le habilita actuar el tiempo suficiente, puede desarrollar o exhibir en algunos momentos algún tipo de organización. Como un cultivo que valiéndose de letras pueda generar su propio orden con el transcurso suficiente de tiempo.
En este caso, podría llegar a manifestarse en forma de textos o fragmentos de textos proyectados sobre las probetas. La construcción de un texto ocurre por permutaciones al azar. La generación de un orden y sentido en el texto se da aleatoriamente.
Este texto y estructura que puede desarrollarse guarda una estrecha relación con "el Texto" que acumulativamente se escribe en todo el Museo. Es el texto de todos los textos. La obra va intentando dar forma a textos con una estructura inmanente textual que pertenece al Museo, pues es de esperar que en otros contextos, las formas sean diferentes.

Esta obra resulta fundamentalmente de una serie de conexiones y transformaciones virtuales. Es una obra diseminada e interconectada a través de la red de Internet del museo. Tiene un espacio de materialización o emergencia de las interacciones que están programadas en una serie de algoritmos.
Si bien tiene elementos materiales como las probetas o el azúcar, es interesante observar que una vez desconectada la fuente de energía y los cables que conectan las computadoras y equipos de sonido e imagen que componen la instalación, casi no quedan vestigios de la obra.

En las instalaciones interactivas pierde sentido la noción de la obra de arte como objeto clausurado. El artista plantea un sistema de relaciones con reglas de juego iniciales y define parámetros que inserta en los códigos que modelan las interacciones. Al ponerse en funcionamiento la obra surgirán formas que se auto generan en el tiempo y en el espacio de manera impredecible.
Este proceso artístico es semejante al que utiliza la práctica científica para modelar el mundo. En ambos casos la evolución del sistema o la obra, dependerá en primera instancia de la configuración de la relación entre sus componentes, y a su vez con el modo de interacción que tenga con el contexto. Los cambios en las reglas de interacción o juego implicarán formas emergentes en el tiempo y espacio diferentes. En este sentido la ciencia y el arte comparten un mismo modelo organizativo, dado que resulta fácil asociar el trabajo de modelar sistemas en la naturaleza por parte del científico y de obras interactivos por parte del artista.

El flujo de letras ingresado en los teclados es transmitido a dos computadoras que controlan la instalación via el protocolo UDP de la red de Internet del Museo. Una de ellas, PC1, es la encargada de trabajar con la dinámica de los textos y proyectarlos sobre las probetas. La otra, PC2, es la que traduce en sonidos el volumen de actividad proveniente de los teclados. La PC1 utiliza una serie de códigos de computación basados en estadísticas de letras y palabras escritas en el teclado que serán los encargados de administrar el crecimiento de palabras y de posibles frases en función de la información recibida. En este sentido es como un cultivo virtual en el que un algoritmo va juntando letras e intentando armar palabras; cada palabra va creciendo a medida que se le suministran letras desde los teclados. La PC1 está conectada a un proyector que muestra los resultados de la operación del algoritmo sobre los caracteres y la actividad de los teclados del Museo en tiempo real.

La fuente de incerteza o azar está fundamentalmente provista por los ritmos y estructuras de la actividad en las máquinas del museo.
Tanto las letras como las frases son guardadas en matrices de probabilidad que capturan las peculiaridades del texto general escrito en el museo, siendo este diferente al de otro lugar. Lo que distingue entonces a este lugar de cualquier otro es no sólo sus características físicas sino también el comportamiento de las personas que habitan en él.

El participante desarrolla el propio espacio-tiempo a medida que completa la obra, otorgándole un sentido particular e irrepetible. La obra no puede ser replicada. Por lo cual podríamos decir que la obra es a la vez que "site specific", también "people specific".
Dado que las formas artísticas desarrolladas introducen con fuerza la idea de evento, tiempo, duración y simultaneidad de manera específica; también podríamos decir que la obra es "time specific".

La instalación propone una aproximación a la experiencia del espacio arquitectónico contemplando la actividad humana que se realiza en tanto espacio habitable. Así la dinámica de la organización de las formas y el sentido están sustentados en la actividad conciente o inconsciente de las personas que habitan el espacio.
La instalación se articula en la intersección de los espacios virtual (sustentado por la actividad de las computadoras del Museo) y arquitectónico; intersticio híbrido en el que la experiencia del cuerpo del habitante se desarrolla.
Cultivos Estocásticos concibe la interacción de las personas relacionándolas con lo virtual y lo físico del espacio simultáneamente.
Permite plantear otro modo de integración a la arquitectura en un sentido estético a partir de la introducción de un espacio electrónico con el que las personas que habitan el Museo se relacionan a diario.

La experimentación de la instalación resulta fundamental, en la que se hace conciente una dimensión del espacio arquitectónico que se sustenta en la interactividad de las personas y que no es inmediatamente perceptible.
Esta estrategia artística tiene implicancia directa sobre la habitabilidad del Museo en tanto que se expande la percepción del espacio
. Los espacios virtuales son una suerte de arquitecturas tecnológicas que emergen como dispositivos dinámicos que transforman o se interrelacionan con el espacio físico habitual. Un espacio arquitectónico pues, puede ser trasvasado, transparentado a partir de una operación artística que conecte ambos espacios (virtual – actual) con la experiencia de los habitantes.
Esta relación propone alterar la percepción que la persona habitualmente tiene del espacio que habita, reformulando la relación funcional y de significación que este sustenta. La vivencia de la arquitectura entonces se transforma constantemente con los flujos electrónicos del espacio y su directa relación con la actividad que se desarrolla en las distintas áreas del museo. Ya que son los empleados y los visitantes del Malba los que le adjudican un valor, una significación al espacio arquitectónico, ahora expandido con el virtual. El habitante no es ya un receptor de la obra terminada, sino que es autor–creador colectivo, en la medida en que tiene a cargo la transformación literal de ese espacio que él mismo habita.